lunes, 18 de noviembre de 2013

entre nubes

Me despierto de un sueño profundo.
Es de noche.
Dari duerme a mi lado.
Estamos en el avión que mañana nos despertará en Lisboa.
No sé qué hora es ni adónde estoy.
Abro la pequeña ventana que está a mi lado y aparece el cielo. Está estrellado.
Veo, a mi izquierda, un ala del avión que recorta el horizonte casi al medio. Por encima, las estrellas, por debajo las nubes y, más abajo aún, un intenso azul. Allí intuyo el mar.
A tientas enciendo la pantalla que tengo por delante y descubro que estamos en el medio del Océano Atlántico. Siento una tímida emoción.
Vuelvo a la oscuridad de la ventana.
Me inundo de ese paisaje lácteo. Lácteo y acuático, de ribetes marinos.
Como un niño, pego mi cara a la ventana, quiero entrar en el paisaje, salpicarme de sus estrellas y sus azules.
Como un niño, pienso en mis abuelos que ya no están, como si pudiera allí intuirlos, como si la noche que vuela me arrimase y casi creo sentirme más cerca.

Eso pienso mientras abrazo el paisaje e intento fotografiarlo en la memoria; entonces bajo los párpados que caen como tules de novia humedeciendo las pestañas y entibiando el rostro que ahora despierta. 

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