Misa de réquiem
Querido
pedro,
Son
exactamente las 0 horas del 11 de septiembre de 2013.
Hoy se
cumplen cuarenta años de aquél atroz día
Meses atrás
tuve el placer de conocerte en Buenos Aires con motivo de un encuentro por la
diversidad que te trajo para Argentina en el ahora Centro Cultural de la
memoria Haroldo Conti.
Desde
entonces pensé en escribirte. El tiempo se fue sucediendo y las palabras fueron
quedando solapadas entre la herrumbre cotidiana y la temerosa vergüenza de no
saber bien cómo qué.
Hace meses
también tengo el documental que presentaron en ese entonces y no pude ver y luego
los días se fueron apilando uno tras otro hasta llegar a esta nocturnidad desde
la que te escribo.
Entre tanto
loco afán tuve un curioso lapsus. Desde esta nocturnidad ajena al calendario
decidí ver el documental. Mientras lo hacía, como quien percibe un golpe de
suerte o un devenir crucial, me di cuenta que era la víspera del 11. En ese
momento supe, que terminaría de verlo a medianoche. Así fue. Implacablemente eran
las 0 horas al terminar el documental.
Si fuera
música me gustaría escribir una misa de réquiem, pero no lo soy, apenas una
actriz que actúa su propia subjetividad, presa del torbellino siempre incesante
de sentimientos y pensamientos.
Cómo
escribir una música de réquiem. Ojalá, en los espacios vacíos que deja la pluma
pudieran filtrarse pudorosas las notas, crecieran como enredaderas intramuros,
como pálidas madreselvas.
Si pudiera
elegir, elegiría dejarte la música que nace de los caracoles marinos, esos
miles de arrullos del fondo marino, quizás allí aparezcan ellos, los miles de
desaparecidos que las dictaduras enterraron en el fondo del río, en la orilla
del mar.
Allí va mi
caracol marino pedro, mi música de réquiem en este día de dolor y memoria.