viernes, 25 de enero de 2013

¨no se culpe a nadie. la noche boca arriba¨


Domingo 15 de agosto de 2010

“No se culpe a nadie: La noche boca arriba. Pequeño homenaje a Don Julio Cortázar”



La noche que empezamos a soñar con Mariana hace algunas noches atrás, encontró su propio cielo en la pequeña morada de boedo.
Así, con la viscosidad del sueño, con lo fantasmagórico que supone toda evocación, empezaron a deambular insomnes los personajes de Cortázar. Como una bicicleta de tiempo, las paredes y los colores, se tiñeron de gritos intramuros, de  presencias translúcidas, de azucenas en la boca del tiempo.

Talita, Traveler, Oliveira, Gregorovius, La Maga, aparecían en una secuencia de rayuela, de voces entornadas de los amigos que, como ventanas, nos inundaban de corales, de sigilosos aullidos, de melodías crisálidas, arrullos de caracol.

Las voces se sucedían como los discos que entraban y salían y Coltrane-Parker-Julián-Mariana-Oliveira-Solana-La Maga-María-Davis-Holliday-Daniel-Gregorovius-Javier-Babs-Etienne-etc-etc-

“Siéntase como en su casa” aguardaba junto-a-globo-naranja-con-cinta-roja-en-la-puerta- como contraseña risueña de la casa g del extenso pasillo de la calle México. Guiño que duró poco, por cierto, gracias a algún voraz lector que llevóselo consigo. Así Julián encargóse de recibir a los indómitos espíritus que sucumbían por las lindes de boedo y entre velas que enmarcaban el angosto pasillo y silencios clandestinos y cabezas que asomaban desde adentro de la casa y mariana y sol en la rayuela que recorría el costado de la casa, juli leía el cuento, mientras avanzaban los invitados y ya con mariana los zambullíamos con magas y oliveiras y tickets de metro y lluvias de bienvenidas.

El amor, ésa palabra… Dice mariana que dice oliveira que dice la maga y el silencio que lo sucede y cada uno arrulla y llena con su propia fuente.

Libros que recorrían de mano en mano, fragmentos recortados al azar, 62 y modelos para armar, la noche y sus telarañas y etílicos elixires y el jazz y la música cubana y las paredes que transpiraban sueños mientras la salamandra vociferaba cantos de cigarra y débora encendía cuidadosamente su voz y nos sentíamos reconfortados y cercanos.

Las pinceladas de javi, los acordes que resbalaban de la guitarra, las sonrisas que aparecían como luces, como claraboyas donde reflejarse y acurrucarse, los ecos de las voces que despuntaban de los márgenes de los libros, y nos dejaban atónitos y exultantes, presos de cada respiración.

La ronda terminó bien avanzada la madrugada. Escribo desde el lunes éste que le sucedió. Aún quedan recortes desvencijados enmarcando la casa, letras que me espían desde las puertas y las ventanas, el oso y su discurso de cañerías que respira junto al cuerito que aún no cambié y  me recuerda a gritos que allí está. Retratos en los que puedo reconocer a algunos de los que estuvieron anoche, velas pegadas por todos lados, como pequeñas fosforescencias, saltos del humor.












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